lunes, 16 de febrero de 2026

La eterna polaridad

    Las polaridades constituyen la impronta de nuestro mundo. Nada hay que no tengo su opuesto al otro lado del péndulo. Esas antinomias, significadas en el inconsciente colectivo como rivales, se miran unas a otras desde su propia disparidad. Sin embargo, otra mirada es posible: resignificarlos como complementos en lugar de opuestos. Quizás el secreto de la paz y la felicidad en la vida sea acercar esos extremos hasta unirlos y poder entenderlos como dos partes de un mismo fenómeno. La mágica síntesis está presente en todos los ódenes conformando trilogías célebres. En el pensamiento filosófico impregna sistemas de pensadores notables como Hegel y Husserl. En las religiones las "trinidades" se pasean orgullosas desde el antiguo oriente hasta las versiones modernas del monoteísmo.

    En materia política el péndulo oscila entre individual y colectivo: aristocracia y esclavitud sintetizada en la democracia de la Grecia clásica; nobleza y servidumbre mediada tibiamente por el clero en el feudalismo; capital y trabajo pujando a partir de la Revolución Industrial con un Marx proletarista mediando sin éxito; empresario y asalariado tironeando en la modernidad con un sindicalismo que solo reproduce la corrupción esencial del ser humano. Y más actualmente derechas e izquierdas que no hacen sino reducir las legendarias diferencias a una cuestión de lateralidad. ¿Nadie advierte que el movimiento reclama ambos lados y hasta el deporte necesita ambas piernas?

     Las derechas no dudan en emplear cualquier medio para conservar a ultranza una libertad infectada de absolutismo. Las izquierdas no cesan en luchar por derechos sin revisar las corrupción que anida detrás de ellos. Nadie parece advertir que unir tésis y antítesis induce la síntesis, y que entre Padre e Hijo media el Espíritu Santo. Mientras la retroguardia elitista condena a prisión o secuestra a líderes de vanguardia, el circo del mundo sigue perdiendo el tiempo sin poder reconocer y unir los extremos como partes integrantes del mismo fenómeno.

     

martes, 3 de febrero de 2026

La posverdad

        En oposición al título de nuestro blog, la posverdad se ha instalado en el imaginario colectivo como desilusión y abandono en la búsqueda de la verdad. El quiebre violento entre la realidad y la interpretación tendenciosa que se hace de ella, ha marcado un sesgo definitivo en el discurso, sobre todo en el relato político. Las razones aducidas para suspender la aplicación del nuevo índice elaborado por el Indec habla por sí solo. 

         Ya no existen verdades escondidas, esa pretendida ilusión de que otros nos quieren engañar impulsando el empeñoso camino hacia el descubrimiento de mentiras discursivas. Ahora estamos frente a la verdad, engaños incluidos. ¡Que nadie se atreva a mentir!, pregonan las nuevas generaciones libertarias convencidas de ser suficientemente libres y diestras como para detectar mentiras construidas en el altar de la verdad. Creen haber crecido. Y algo de cierto hay: ya pueden engañarse solos, sin ayuda ajena. Ya en 2016, antes que nadie lo dijera, ellos sabían del PBI robado. Luego, un esclarecido Leonardo Fariña lo confirmaría públicamente acercando tranquilidad a los preclaros acólitos de la posverdad, confirmando su sospecha de andar por buen camino. Hasta entonces ellos se sabían virtuosos pero no sabían porqué. Y también saben que los sucesivos PBI a robarse son a causa del primero. ¡Qué inteligentes!

                De ahora en más no habrá búsqueda de verdades escondidas, la tarea es ir construyéndola día a día, ladrillo sobre ladrillo, hasta que el enorme muro oculte para siempre las mentiras. Podremos ver entonces una fantástica pared impregnada de grafitis rebozando verdad. Allí estarán estampados los principios de la libertad entrelazados amorosamente con el nombre de todos los héroes capaces de evadir impuestos. Tampoco faltarán los valientes legisladores de la oposición blanda acompañando el saneamiento del estado público. Blanco y brillante lucirá el muro sin la ofensiva mácula de viejos meados reclamando gratuidad en los medicamentos ni discapacitados afeando el espacio público, esas molestas imágenes producto de inevitables efectos colaterales. Y todo eso sucede en el decretado !Año de la grandeza nacional!...