domingo, 31 de mayo de 2026

Nueva vergüenza

    Hace ya tiempo que el nombre de este blog se ha desnaturalizado. En la Argentina no existen verdades escondidas sino mentiras expuestas con el desparpajo propio de una sociedad fragmentada. Una mitad ha quedado sumida en el olvido, la otra en la ignorancia. Podrá el lector adivinar a cual de estos estados corresponde cada mitad. Ya no hay recato en exhibir las obscenidades más sonrojantes, como si el encanto del erotismo hubiera sido reemplazado definitvamente por el vulgar sexo explícito.

    Una de las áreas más contaminadas es la judicial. El primer atisbo de fecalidad apareció en los 90 con un personaje de caricatura, el riojano Julio Nazareno, socio de Eduardo Menem e integrante de la "corte adicta" al menemato. Dos décadas más tarde el rebrote estuvo a cargo del binomio Bonadío-Stornelli, el primero adjudicándose la creación del derecho procesal "creativo", eufemismo que ocultaba las maniobras fraudulantes para producir causas y fallos arbitrarios, el segundo mediante sus negativas a declarar ante la justicia, entre otras acusaciones por sus extorsiones a empresarios y tetigos en general para que declararan en contra de Cristina Fernández de Kirchner. El homicida Bonadío no resistió la culpa y partió de este mundo inesperadamente tras una cirugía. En cambio, el procesado Stornelli perdura atornillado al cargo ostentando un alto nivel de descaro jurídico y social.

    Sin embargo, la actuación de Raúl Garzón, fiscal a cargo de la causa de la desaparición de Agostina Vega, supera todas las marcas. Ayer, frente a las cámaras el funcionario abrió la conferencia de prensa exigiendo al periodismo pedir disculpas a los familiares de la víctima (?). Luego, obviando el dramatismo y el dolor del caso señaló que los ejemplares de la división canes debían ser galardonados por su eficiencia. Arrogante, empleando un tono desafiante, pisoteó el dolor de todo un país exaltando su propio desempeño al afirmar que ninguna autocrítica cabía en su accionar pese a la demora en activar las alertas por la desaparición, permitiendo borrar indicios decisivos sobre la muerte de la víctima.

    Penoso y propio de una Argentina caída en el peor lodazal de su historia, la presencia del fiscal como integrante de la sociedad nos recuerda porqué la muerte es un rasgo imprescindible de la especie.