lunes, 7 de enero de 2013

Asado conflictivo

Tan burda es la pelea mediática acerca de los errores y aciertos del gobierno, que en lugar de investigar y argumentar con responsabilidad política los hechos impugnables, apoyar los meritorios, y criticar aquellos que merezcan revisión, el grupo opositor no hace más que expresar su resentimiento por la bofetada recibida, mediante construcciones que además de inconsistentes, constituyen basura lingüística. Lo malo es que a diferencia de la otra basura - la real -, esta sigue depositándose en el inagotable megabasurero de siempre: la cabeza de la gente.
La última semana, la crítica al asado celebrado en la ESMA, pertinaz, empalagosa, desgastante, pretendió colocar al gobierno en un lugar claramente ajeno a su espíritu. Si debiéramos elegir un política de estado que identificara fielmente a este gobierno, no podría ser otra que la reivindicación a la figura del desaparecido y el rescate de la lucha para castigar a sus responsables. La ESMA constituye un emblema del triste papel que el terrorismo de estado con sus cómplices civiles ha causado a la sociedad argentina. Mal entonces puede endilgarse al gobierno afán de atropellar la memoria cuando ha sido gestor de su recuperación. Creer semejante disparate es asimilar el espíritu al hecho. Hay claramente una intencionalidad en confundir la parte con el todo, desvirtuar una línea de pensamiento por un episodio que, en todo caso puede ser discutible. Lo mismo sucedió con la crítica a los festejos del bicentenario por la calidad de los números artísticos.
Tal como se viene librando esta batalla, la sociedad argentina ha tomado cierta conciencia sobre los métodos empleados y el botín en juego, de modo que no extraña a esta altura estos cruces de circo romano. Sí, en cambio, debería ser motivo de preocupación la persistencia y contenido de los ataques, un fuego de artificio que confirma el afán de seguir tratando a la siempre desconocida "opinión pública", como una horda primitiva capaz de digerir heces informativas. No sólo revela un fuerte desprecio por el receptor de la información, sino que pone de relieve el papel de quienes participan en la maniobra como portavoces de la  noticia. Muy pocos periodistas han tomado distancia de estas prácticas, la mayoría mantiene sus tronos de loza, convencidos que la libertad de expresión consiste en ser orificio de salida de las heces. Triste papel.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Pronóstico 2013

Hora de balances. En lo referido al blog, este medio año de trabajo iniciado en junio, con sus 36 entradas, constituye un logro plausible; por un lado en el sentido de la permanencia; por el otro, en cuanto al respeto a las consignas que impulsaron su creación: intentar descubrir detrás de la lectura ligera, las verdades escondidas en la "realidad" construida a diario por los medios, sea develando la grosera tergiversación siempre impune, sea en la condena a esa impunidad que el periodismo - todo -, defiende corporativamente alentando excesos de uno y otro lado - "la libertad debe regir aun al precio de la mentira periodística" ha sugerido la presidenta, temible temeridad -, sea poniendo en evidencia intencionalidades que responden a ocultos intereses sectoriales. Pero sobre todo enfatizando en que la práctica de esos escorzos periodísticos propenden a la formación  y consolidación de un lector ingenuo, incapaz de plantarse desde su propia realidad y juzgar críticamente tales intenciones.
En cuanto a la realidad global, 2012 ha sido un año bisagra en relación a este punto. La plena vigencia de la ley de medios, más allá de las apelaciones pendientes, marca una tendencia a la multiplicadad de voces que, de todos modos, sigue siendo una expresión de deseo - cierto que cada vez más próxima -, por cuanto sólo rige por ahora el primer paso: fracturar una hegemonía sistemática. No se avizora aún cómo será posible poner en marcha la expresión "coral", ni como prevalecerá frente a los canónicos "solistas informativos". Dicho sea de paso, convendrá estar alerta para observar cómo tomarán forma los "coros populares", un conflicto en ciernes que reconoce la necesidad de directores que armonicen esos innumerables tenores, barítonos, sopranos y contraaltos que, sin armónica dirección sonarán inevitablemente disonantes. La música de la palabra reconoce varios componentes que aún no han sido reconocidos y analizados con el cuidado que merecen. La reflexión crítica - demasiado invocada para ser cierta -, la mesura - aún distante de la pasión bipolar que nos envuelve -, y la sospecha - reducida a la nostalgia de sus olvidados maestros -, todavía siguen siendo quimeras cuya recuperación y ejercicio animará periodistas y lectores más confiables.   

jueves, 20 de diciembre de 2012

Ninguneo: una nueva mirada

Conmoción: Un hombre mató a sus empleadores y luego se suicidó por una deuda de dinero. Consultado un siquiatra al respeto señaló que estas personalidades tienen una escala de valores distinta al común de la gente, junto a cierta tendencia a propiciar y actuar un orden más justo, fuera del vigente. Por otra parte, un psicólogo mencionó que en ciertas personalidades, el ninguneo de la persona y su descreimiento de que el orden legal pueda ofrecerle justicia, es decir, la imposibilidad de obtener lo que legítimamente corresponde, puede disparar conductas condenables para la moral vigente. Si a este caso y a estas opiniones, agregamos la idea tan cuestionada de locura tratada por Foucault, podemos echar una mirada distinta al hecho. Sobre todo revisar el episodio sin el contaminante "horror" que causa, y tomando distancia de la condena liviana sobre un hombre cuya labilidad emocional y su nula posibilidad de obtener respuesta a su reclamo, en una sociedad que sólo cuida ciertos estamentos sociales en perjuicio de otros, lo hace doble víctima: por una parte queda fuera del mecanismo que imparte justicia - tan alerta y veloz cuando quiere -; por otra, recibe calificaciones siempre amigas de la condena fácil, apelando a una locura funcional al orden actual, dejando de lado el espíritu crítico, más útil cuanto más arduo. La desproporción entre una deuda y un homicidio para nuestra valoración ética, es siempre un buen recurso para no revisar qué se esconde detrás de la locura.
En un mundo donde los bienes son escasos, las necesidades crecientes, y el estímulo a la posesión y consumo se ha convertido en un credo irrestricto, ¿qué clase de orden propicia un sistema que funciona no sólo aceptando la acumulación de bienes sino inspirándose precisamente en dicha acumulación?
El hombre no ignora que los icebergs son enormes bloques de hielo que derivan sin rumbo hasta que el calor los reduce, y que la cúspide emergente es mucho más pequeña que la sumergida. Sin embargo no deja de mirar maravillado la cresta sobre la línea de flotación, en lugar de reconocer que debajo está el sustento verdadero donde asienta la naturaleza del objeto. Claro, sumergirse es más trabajoso. La milonga recoge esta idea más sucintamente pero con idéntica fuerza: "La raíz del árbol no canta, canta la copa nomás".  

viernes, 7 de diciembre de 2012

Otra vez sopa

El triste destino de los simples, es decir nosotros, los hombres comunes que lidiamos con la vida, es ser el jamón del sandwich, estar siempre emparedados a expensas del mordisco. Esta interminable historia sobre las cautelares que prolongan indefinidamente la vigencia íntegra y acabada de la ley, es otro de los recursos espurios de la democracia para obstaculizar la voluntad popular. Esto no significa afirmar que la voluntad popular sea la mejor, pero es la que rige en un sistema representativo, incluso reconociendo que también la representación es cuestionable al no respetar la voluntad de cada hombre, que pierde presencia al estar reencarnado en otro. Pero puestos en la democracia, y admitiendo que es lo mejor, qué podemos esperar de un sistema representativo que no respeta las representaciones. La democracia parece tener anticuerpos para burlar siempre las decisiones mayoritarias, sea por el veto ejecutivo o las cautelares judiciales, ambas con potestad para arrollar sin piedad la voluntad popular. ¿Qué tiene de bueno entonces un sistema que llena la boca de todos por su capacidad abarcativa, y unos pocos lo someten mediante recursos previstos en el mismo sistema? La democracia vendría a ser una bacteria inmune a cualquier antibiótico. 
Nosotros, los simples, no ejercemos actos de gobierno, los obedecemos; no propiciamos las leyes, las acatamos; no producimos sentencias, las cumplimos; no practicamos la corrupción, la padecemos; no alentamos despojos, los pagamos; no invertimos, producimos para engordar inversores, es decir, trabajamos de trueno y es para otros la llovida, según pregona Yupanki.
Prescindiendo del contenido de la ley de medios, desde la antigüedad, la ley es el recurso de los débiles para fijar límites al vasallaje del poderoso, esa es su esencia. Y en la democracia, el estudio, proyecto, discusión y promulgación de la ley, es resorte del poder legislativo, supuesta representación de la voluntad popular. Si la misma democracia permite burlar ese mecanismo estamos en problemas.
Arguyamos que ese poder legislativo que aprobó la cuestionada ley es incompetente, feo o tiene mal olor, pongamos que no nos gusta el bigote de un senador o las siliconas de alguna diputada, pues el mecanismo para corregirlo es no votarlos en las próximas elecciones, por otra parte el único recurso disponible para los simples. Ahora, si pese a todo, los poderosos se reservan trampitas democráticas para seguir haciendo lo que quieren, que nadie se rasgue las vestiduras si mañana algún desmadre se lleva puesta a una Cámara. 

martes, 4 de diciembre de 2012

Periodismo vergonzoso

Pongamos que se apruebe sin cuestionar que el periodismo ponga frente a cámara a alguien abusada, que en su triste cautiverio ha sido víctima del sadismo más condenable - abuso sexual, esclavitud, obligación de ingerir excrementos -, pongamos que sí. Pero qué mecanismo impulsa esa entrevista: ¿El afán de informar para hacer visible al público las bajezas del ser humano, o exhibirlas impúdicamente en un cuestionario que de tan perverso podría ponerse a la misma altura del delito?
La repulsión que causó en su momento el caso de la mujer cautiva en Coronel Suarez, fue menor al que provocó el morboso cuestionario a que fue sometida por los multipremiados periodistas del canal que realizó la entrevista. Pero nada fue eso, frente a la sugerencia que le hicieron de que antes de auxiliar a los demás, proyecto que la mujer expresó tener en vista, cuidara de sí misma, una propuesta de tono eclesiástico que proponía hacer lo que ellos decían, pero no lo que hacían en ese momento. La justificación clásica del peor periodismo, la peor por otra parte, es que su obligación de "mostrar" hace visible lo que no debe ser. Y aunque lo ignoraran, efectivamente lo hicieron, porque esa entrevista fue una lamentable muestras de morbosidad malsana que no perseguía otra cosa más que sensibilizar al televidente con la repetición verbal de una experiencia que de tan traumática, resulta fuente inevitable de angustias de difícil erradicación. Es decir, la recomendación de curarse antes de ayudar a otros, aparente solidaridad, sólo podía ser posible luego de la entrevista donde fue sometida a la perversa evocación de los excesos padecidos. Al punto que concretamente se le preguntó, durante la hora de la cena para colmo, si efectivamente había comido excrementos. En descargo de los soberbios periodistas debemos reconocer que tuvieron el buen tino de no avanzar sobre si le había gustado o no, o bien a qué podía comparar el gusto de las heces. Pero seguramente ellos, habituados a la práctica, podrían habérnoslo dicho.
Nuestro último blog señalaba que permitir la libre expresión al punto de tolerar la mentira sin sanción hedía a exceso demagógico; poder hablar libremente no implica poder decir cualquier cosa. Ahora doblamos la apuesta, creemos que debería haber un amplio control, debate y difusión de los dichos e intenciones vertidos por todos los medios, habida cuenta de que el valor de la palabra construye opinión y se entromete en cualquier hora y hogar, convirtiendo a sus integrantes en constantes víctimas de la perversión periodística. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Periodistas inmunes = Periodistas impunes?

Es tan grosero el traspié de Clarín al denunciar a periodistas partidarios del oficialismo por incitar a la violencia, que también resulta grosero sumarse a la condena. Incluso queda la sensación de que hacerlo implica cierta despersonalización, como si no fuera posible hacer otra cosa que repetir como loro: Debe permitirse la libertad de expresión sin que puede judicializarse ninguna denuncia contra ningún periodista "aún cuando mienta", expresión ésta última de la misma presidenta. Este fanatismo con la libertad de expresión es al menos discutible, algo así como que no es posible hacer nada con la sacrosanta palabra vertida por cualquier representante de la variopinta corporación periodística.
Embozada en el engañoso respeto a la libertad de opinión, pareciera ser que detrás de esta amnistía previa a todos los dichos posibles, se está asegurando impunidad a los dueños de la palabra, únicos con aire y centímetros para verter opinión; porque esos periplos que hacen algunos, micrófono en mano, esos granizos de celular y esos prende y apaga de inimputables, nadie sensato puede calificarlos como democratización de la palabra. Ser más papista que el Papa implica ser más santo que Dios y más demócrata que el voto, una versión posmodernista de la palabra donde nadie puede exigir silencio sin ser considerado fascista.
El periodismo es una profesión, como ser médico, zapatero o taxista; todas con modelos tácitos de buen ejercicio, cuya violación es causal de reclamo y eventual sanción. La mala praxis, la estafa comercial y el mal desempeño de las funciones son figuras que la legislación tipifica como punibles, de modo que el médico no debe equivocarse y matar, el zapatero debe garantizar sus arreglos, el taxista debe llevarnos por el trayecto más corto para no abusar, y un funcionario no puede malversar fondos. ¿Por qué entonces un periodista, que dispone del arma más formidable para distorsionar la realidad en el uso de un medio público destinado a informar, no puede ser sancionado por mentir? Pareciera que el afán de proteger esta profesión, quizás la más sospechada de todas, es garantía de correcto ejercicio democrático. Y no es así. El poder mediático de un periodista lo obliga a ser veraz, caso contrario debe hacerse cargo judicialmente de su mendacidad. Capital lingüístico, expresión atribuible a Paul Bordieu, es un concepto útil a revisar. Y debe interpretarse esta crónica como una convocatoria a la reflexión, no como una afirmación de que tal o cual periodista miente o no, sino que es posible que lo haga - de hecho ocurre - y que en tal caso debiera merecer sanción.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Cultivar marihuana ¿sí o no?

La peligrosidad de la palabra adquiere enorme gravedad cuando toma dominio público, y paradójicamente solo en público es efectiva, de modo que es inevitablemente peligrosa. Pero también debe aclararse que lo es tanto más, cuanto mayores sean los destinatarios, aspecto que permite advertir la importancia de los medios como vehículos de construcción de la subjetividad. Y no sólo por esto es peligrosa sino por su capacidad de tergiversación, al punto tal que puede testimoniar la fugaz idiotez de alguien inteligente, del mismo modo que es capaz de asignar lucidez al idiota que aprovecha aquella fugaz estupidez, para intentar convencernos de que alguien inteligente no lo es a causa de su desliz momentáneo. ¿Difícil no? Es que no puede ser menos, tratándose de una magnitud tan particular como la lengua, siempre apócrifa por ser remedo de la realidad, siempre necesaria por ser el único vehículo capaz de representarla.
El error de la diputada Cerruti al decir que tiene una planta de marihuana no es tenerla, sino haberse expuesto al retruécano por haberlo dicho en público, precisamente en un momento de la historia donde de a poco va entendiéndose la importancia de los medios, cuya consecuencia a largo plazo seguramente será terminar con los idiotas que señalaron su idiotez para desmerecer su inteligencia.
A propósito de idiotez e inteligencia conviene aclarar que no son atributos exclusivos y excluyentes. Ni Cerruti ni sus detractores, ni nadie, es sólo una u otra cosa sino ambas. La fina balanza que mide estas magnitudes tampoco es propiedad de alguien en exclusiva, de modo que nunca podremos tener certeza de dónde está una y otra. En todo caso en el mayor o menor ejercicio de alguna de esas habilidades caerá el adjetivo que califique. En la historia de la protagonista - Cerruti, no la plantita -, abundan más lucideces que oscuridades, lo que no la exime de merecer condena por su momento de idiotez. En sus detractores la ecuación es exactamente igual pero inversa, lo que tampoco impide que admitamos la crítica, pero repitamos: no por tener la plantita sino por decirlo. No obstante, a modo de premio, aceptemos que esta vez golpearon donde duele, y premiemos entonces el contraste. Alguna vez los idiotas también tienen momentos de lucidez aunque la empleen para confirmar su propia estulticia. Fumá tranquila Cerruti, pero en privado.