El 2026 arrancó con buenas noticias. Ahora sí estamos frente a la verdad: un mundo polarizado entre grises y reptilianos, cada bando con sus correspondientes esbirros en las principales potencias del planeta, sin perjuicio de que cada uno de los terráqueaos podamos seguir pensando que la opción es una cuestión de lateralidad (derecha-izquierda), política (socialismo-liberalismo), ideología (vanguardias-retroguardia) o histórica (poder-esclavitud).
Todo parece indicar que nunca como ahora tiene vigencia aquello de que "cuanto peor, mejor". Quizás sea el mejor camino para que de una buena vez estalle la tercera guerra mundial y podamos sobrevivir los vivos capaces de escondernos a tiempo debajo de la cama y que los demás se rompan los cuernos.
Un modo de entender este galimatías es salirse por un momento del sistema y comprender la causa de la detonación. La chispa que inició todo fue, por un lado, un Estado flotando sobre petróleo que estaba más que m(M)aduro, podrido. En ese escenario apareció el salvador tra(u)mposo que abdujo el virus mediante unos drones gigantes que extrajeron la podrimadurez para ser juzgada en la capital mundial de la democracia. Los muertos por el bombardeo fueron la inevitable pérdida de tejido sano que conlleva cualquier intervención quirúrgica. Qué va a hacer.
Un político juzgado por otro político es como poner al zorro cuidando el gallinero. Sin embargo, la humanidad sigue consumiendo el mismo alimento, convencida que millones de moscas no pueden estar equivocadas. Lo importante es no perder de vista que siempre hay una tercera opción, esa ancha avenida del medio que reúne multitudes ansiosas por huir de los extremos, cuestión de quedarse apretado en mayorías (como las moscas), en lugar de buscar la causa de los extremos.
Otra solución, más heroica, sería que los extraterrestres finalmente se dignaran descender. Que cada uno elija. ¿No estamos en libertad, carajo?
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