La similitud entre la mecánica operativa del rey norteamericano y el virrey argentino debería ser advertida y justipreciada por cada conciencia dispuesta a reconocer "verdades escondidas".
No parece complicado ver semejanzas en el vínculo entre el virrey y los gobernadores dialoguistas en Argentina y el vínculo entre el rey y los mandatarios latinoamericanos en "nuestro" hemisferio. En ambos casos un gobierno central es el que establece las características de esa relación fijando límites que, en caso de exceder el margen de tolerancia previsto, activa sanciones previamente dispuestas. Algo similar a las protestas en Buenos Aires: si suceden sobre las veredas se toleran, si pisan la calzada se reprimen, tráteses de quien se trate, incluso ancianos y niños.
En el virreinato, la política oficial interna fija como prioritario el déficir cero. Cualquier intento legítimo y legal de no respetar esta consigan se "maneja" con la apertura discrecional de fondos con destino a las provincias, cuestión que los gobernadores "entiendan" qué no debe hacerse y cómo deben votar sus representantes en el parlamento nacional. Por si alguno no lo había notado los senadores de cada provincia no representan al pueblo sino al gobernador. Los muchachos del café lo llaman "voto comprado". Nombre antipático pero a la vez bien gráfico.
En el caso del reinado, nóteses que dos países de la región excedieron esos límites de tolerancia, teniendo en cuenta además que dichos límites también son fijados por el poder central, el rey en este caso, en función de políticas dispuestas por él mismo. Cuando el rey juzga violado el límite (llámese acceso a las riquezas de cada virreinato en condiciones favorables al reinado) activa los mecanismos de defensa que van desde la difusión de noticias falsas para crear subjetividad en la población y poder manipular su voluntad electoral, hasta la extirpación directa e impune de quien se oponga a su voluntad.
Por si no se ha notado, los dos paises que en la protesta descendieron a la calzada (Argentina y Venezuela) tienen a sus líderes de oposición secuestrados en distintas prisiones, una domiciliaria en Buenos Aires, la otra penitenciaria en Nueva York. ¡Ojo!: que reyes y virreyes sean crueles no exime de crítica a los opositores.
No siempre el remedio cura la enfermedad. En el caso de la oposición venezolana que sueña con elecciones para encaramarse al poder, el rey caprichoso promete "muchos años" de transición. Cómo no, con el régimen actual sin Maduro, alcanza para empacharse de petróleo. En el caso argentino la clase media aspiracional que votó a Milei todavía tiene vendados los ojos. Ya irán también a por ellos.
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