Escena: Empleado de CABA, añoso, a un año de jubilarse, sueldo estimado inferior al millón: "No sé qué haré cuando me jubile" Aproveche a descansar y haga nada. "Y cómo vivo". Confíe en que la gente aprenda y vote mejor. "No hay cómo, todo es igual. Desde la Segunda Guerra venimos cayendo. Este tipo limpió bastante pero cómo arreglar un atraso de 80 años. Lo único que le reprocho es que no tire un hueso al hambriento". Saludo respetuoso tras el diálogo y mutis por el foro. Apenas me permití decir que lo único que la realidad ofrece es la tenacidad de la gente en repetir idioteces. Creo que no entendió.
Las personas y los paises tienen cuerpos que pueden enfermar. Cuerpos biológicos unos, sociales otros. La medicina y la política han contribuido bastante a paliar síntomas y hasta curarlos cuando es posible. Una sola enfermedad tan letal como tenaz, todavía se resiste a los avances de la ciencia: el cáncer. Su equivalente en la política es el desprecio por el pensamiento, un ejercicio que el hombre abandona cada vez con más entusiasmo en favor de atractivos enlatados que permiten aplicar la mente en placeres nobles como el celular, el fútbol, la IA y algunos sueños fabricados que prenden con facilidad.
Argentina padece de cáncer. Algunas terapias logran temporalmente un mejoramiento esperanzador. Revive el paciente y comienza a hacer una vida casi normal, de sacrificio desde luego, como no puede ser sino en un país con una ciudadanía naif siempre a mano del mordiscón, pero con un horizonte limpio, sin síntomas presente ni amenazas futuras. Se relaja el paciente, se instala en una vida casi confortable con algunos permisos como ahuyentatr la angustia, asegurar un plato diario y unos pesos para las facturas de gas y electricidad. Incluso pasear un domingo por plazas y parques con la seguridad de contar con una escuela para los pibes y un hospital para alguna nanas que se crucen en el camino.
Y un buen día...metástasis. Nadie le avisa que el único antídoto es ponerse a pensar. ¿Sucederá alguna vez? ¿Ocurrirá la cura milagrosa que permita desechar el pensamiento ajeno por el propio? Claro que no, mientras creamos que esto le sucede solo a los demás. El termómetro son las urnas y esas vienen mostrando metástasis cada vez más invasivas en un cuerpo cada vez más desgastado.
Cuando el inminente jubilado de CABA lo advierta, si acaso lo logra, será demasiado tarde.